Actualidad

La detención de Willy Toledo el 29-M: en todas partes cuecen habas

Aún estoy sorprendido de la repercusión que ha tenido la detención del actor Willy Toledo el 29-M por haber destrozado el mobiliario de un bar. Estoy sorprendido porque es falsa según elmundo.es, que dice que lo es (falsa) según fuentes policiales, y según (parece) el propio Willy Toledo. Eso sí, la primera noticia parece que es que la policía avisó al periodista de la detención: que no está nada claro el tema, pero que al menos hay que cuestionárselo hasta tener pruebas.

De todas formas en Twitter es fácil ver cómo se ha propagado el bulo y se ha armado una buena sobre Willy Toledo. Desde insultos, pasando por chistes e informaciones falsas, todo se ha descontrolado hasta tal punto que llega a ser irrelevante que la información sea falsa o no. Y las voces que desmienten el tema se apagan en medio de todo el volumen inmenso de críticas y chanzas. Es la confirmación de algo que pienso hace tiempo, y que siento que duela a quien pueda doler: aquí, en Twitter y en redes sociales, no tenemos la verdad absoluta. No somos los paladines de la información transparente per se, y de hecho podemos meternos hasta las cejas en el fango por la propia naturaleza de quién está conectado y cuánto piensa antes de actuar.

No somos mejores que los medios tradicionales, en todo caso creo que, de forma general, dejamos mucho que desear como conjunto. Somos más, nos indignamos muchísimo, pero damos bola a informaciones falsas. No digo erróneas: digo falsas. Algo contra lo que se ha “luchado”, con lo que se ha atacado a los medios tradicionales que, por mucho que duela o no sirva de excusa, están llenos de profesionales del sector del periodismo y la información. Profesionales que pueden tener directrices o ideologías, pero profesionales.

En Twitter estamos una parte del “todos”: los profesionales, los entendidos, y también la masa y los desinformados, los que no conocen qué es “contraste de información”, los que primero disparan y luego piensan, los que gritan en vez de escuchar, y los que usan la red social para dejar salir su resquemor global a la luz, sin que nadie se lo pueda impedir. Los que gritan desde su smartphone, pero se quedan en casa cuando hay que salir. Los que gritan siempre parecen más, pero no hay más que ver que desde que empecé a escribir el post hay 192 tweets nuevos sobre Willy Toledo, con algunas excepciones como podéis ver, pero que versan sobre todo sobre el chiste y la falta.

Es una pena que nos creamos mejores que los demás, y que a la primera mentira echemos abajo la imagen de nuevo medio que se quiere dar al mundo. Os parecerá, a muchos, una estupidez lo que reivindico (sí, reivindico). Otros puede que prefieran no leer, como es habitual y más cómodo, y no entender qué quiero decir. Otros a lo mejor lo entenderán y no le darán bola. Eso a mi me da igual, cuando estoy convencido de que algo ha fallado y que algo merece una autocrítica, no me la quedo. Y me es indiferente ser el único que lo comente.

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Trabajo y cía

Cómo mantener la motivación cuando parece que estás solo

No quiero hacerme pasar por gurú sino contar un poco lo que se me pasa por la cabeza cuando me pregunto cómo mantener la motivación. O, más directamente, cómo la mantengo a diario. Voy a ir muy al grano por si alguien está pasando por un momento bajo y esto le puede ayudar.

  • Lo primero es que intento ser positivo y dedicar un poco de tiempo a la semana a contabilizar mis progresos y darme cuenta de los fallos para convertirlos, a su vez, en nuevos progresos.
  • Segundo, no pretendo abarcar demasiado de cada vez. El objetivo es conseguir un trabajo estable, producto de calidad, comodidad, solvencia económica. Pero eso no se consigue en un día sin atracar un banco (y aún así, es raro conseguirlo).
  • Escribir es un proceso complejo al que le tengo mucho respeto. Siempre pienso que me queda por delante mucha evolución, mucha mejora, pero tampoco considero mis textos pobres. Algunos sí, porque hay días en los que no tienes ganas, no estás inspirado o simplemente fallas.
  • Escribir es como otras cosas: un proceso que necesita comienzo, desarrollo, revisión y resultados. El famoso síndrome del papel en blanco se supera escribiendo, igual que el miedo a no vender se pasa saliendo a vender, o el terror a hablar en público se soluciona hablando (y sudando mucho la primera vez).
  • La liebre y la tortuga son un ejemplo como el de los manzanos que tanto gusta a los “coach”. La liebre consigue avanzar muy rápido hacia el objetivo, pero pierde fuelle (concentración) y no consigue terminarlo. La tortuga va pasito a pasito muy segura hacia la meta. Quemarse no es buena idea.
  • De nuevo, vuelvo a mirar lo que estoy haciendo. ¿Estoy satisfecho? Si no lo estoy, ¿qué cosa pequeña puedo mejorar para que sume en el conjunto? Y lo más importante, ¿por qué no la hago ahora mismo? En mi caso pudo ser instalar aplicaciones (widgets más bien) para acceder a los diccionarios rápidamente, o grabarme a fuego algunas reglas ortográficas, o aprender a escribir y luego a pulir, o… cientos de cosas, muy pequeñas.

Creo en este método, o mejor dicho en esta forma de ver las cosas. No es un método específico, pero bebe de muchas fuentes: métodos de gestión del tiempo como la técnica Pomodoro, el famoso GTD, el sentido común, la experiencia de que quemarse abarcando demasiado es perjudicial… A mi me está funcionando, y lo digo así porque es un proceso que no va a terminar nunca. Puede que a ti no te funcione, eso no lo puedo saber. Si crees que es buena cosa, coméntalo (y si quieres añadir algo, adelante).

Siempre se puede mejorar, habrá cosas que haga peor que otras, soy consciente, pero por lo menos nadie puede controlar nuestra motivación mejor que cada uno de nosotros. Es lo más importante que aprendí, y en mis momentos bajos (que los hay, bastantes) tiro de las reservas y me voy al punto uno, a ver qué llevo hecho y cómo fue posible.

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Sociedad

Los célebres colonos americanos

Cada vez que leo algo parecido a “los célebres colonos americanos”, “los heroicos colonos”, “gente que arriesgó todo en pos de una vida mejor, luchando contra los elementos y los nativos hostiles”, me dan arcadas (virtuales). Y ya puestos, si hablo de los colonos (norte)americanos, tendré que hablar de los conquistadores, ¿no? Pues no. Sin defender las barbaridades que se perpetraron en la época de la conquista del nuevo continente, ellos eran precisamente eso, conquistadores: no eran colonos.

Iban a lo que iban, a ampliar las fronteras del reino y a reeducar a los salvajes. A hacerlos entrar por el aro o, si no era posible, pasarlos bien a espada y fuego. Fueron allí a expoliar todo lo alcanzable con una ignorancia y falta de civilización legendaria. Pero nadie piensa que fuesen unos ilustres, o al menos yo no lo pienso. Siglos después de las atrocidades, los colonos deberían ser mejores, más civilizados…

Pues no, la verdad. Oír hablar de los colonos con ese deje de melancolía y de orgullo por lo conseguido, me repulsa. Pienso en qué haría yo si, mañana, alguien viene de visita a mi casa y decide que es mejor sitio que de donde viene, por lo cual se queda a vivir en ella, y me echa a mi. Posiblemente me defendería con violencia física, o con venenos, pero si hiciese eso, entonces sería un maldito nativo hostil.

Lo siento por quien le gusten las películas de vaqueros.

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